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Conversando con una amiga que hace unos meses fue madre por primera mes, me contaba, además de lo cansada que estabalógicamente conforme a su contexto actual, de lo feliz y agradecida de su marido por como la ayudaba con su bebé. “¿Puedes creer que incluso lo muda, baña y hace dormir para que así yo pueda descansar?” me dijo no cabiendo más en la admiración para con su pareja.

A primera lectura, muchos de ustedes seguramente sienten alegría para con mi amiga, ¿no?, ¡y por supuesto que yo también! Sin embargo, no me alegro por ella porque su marido “la ayuda” con su bebe, pues ello es algo que le corresponde como ser adulto responsable que se convierte en padre: encargarse de su hijo y de todos los cuidados que con su llegada conlleva. Me alegro por el hecho que ella y su pareja juntos, corresponsablemente, asuman la nueva labor que les atañe: criar y cuidar un ser dependiente.

Cada 8 de marzo, son muchos los temas que afloran o se remecen a nivel global respecto de la situación de la mujer, y si bien hemos ido mejorando en muchos aspectos desde que oficialmente fue institucionalizado este día en 1975 por la ONU, la temática de brecha laboral y salarial es un aspecto que aún está muy al debe en nuestro país.

Los indicadores hace rato encendieron la alarma: Chile es uno de los países con mayor brecha salarial de género en el mundo y la centralización aumenta dicha brecha: las mujeres que viven fuera de la Región Metropolitana tienen sueldos inferiores y una participación laboral menor que sus pares capitalinas.

Diversos estudios han constatado que la barrera más grande que impide que la mujer se inserte, permanezca y obtenga una igualitaria retribución por el trabajo prestado es la crianza y quehaceres de la casa (un 54,7% de las mujeres adultas dice no trabajar remuneradamente por esta razón).

Más aún, actualmente el Código del Trabajo asume que la crianza y cuidado de los hijos le corresponde exclusivamente a la mujer, pues dependerá de cuantas mujeres contrate la empresa para tener la obligación de pagar la sala cuna (independiente si todos los hombres contratados son padres); o dependerá de la mujer si quiere traspasar su derecho de postnatal al padre de su hija/o para que éste goce de él, entendiéndose así que tal derecho es exclusivo de la mujer.

Así las cosas, y para no esperar cambios de políticas públicas con los brazos cruzados, debemos cambiar también ciertas situaciones que creemos que estereotipadamente le corresponden a las mujeres. Decir que el “padre ayuda”, es asumir que la responsabilidad de crianza le corresponde a la madre, y que si él lo hace, es porque quiere, y no porque debe. Y son precisamente tales manifestaciones que propiciamos desde temprana edad las que limitan los sueños e imponen sobrecargas a la mujer que la restringen en su desempeño laboral.

Así, el mensaje para este 8M 2019 es tomar conciencia de aquellas palabras y conductas naturalizadas que, aunque no lo creamos, por goteo, van poco a poco estructurando un rol de crianza exclusivo en la mujer y como bien sabemos, el lenguaje crea realidades y dependerá de cómo lo utilicemos para poder cambiar nuestra reprochable realidad de brecha actual.

Tammy Pustilnick Arditi
Directora y cofundadora Corporación Descentralizadas