Fuente: Diario Concepción

Desde 1956 se celebra este día, y ello no debe ser motivo de crítica; por el contrario, utilicémoslo para darnos el espacio para pensar en nuestros niños.

Llega agosto y nuestras casillas de correos colapsan con publicidades de “mejores regalos para el día del niño”, “ofertas imperdibles” o “algo que a tu hija/o no le puede faltar este día”. Independiente que muchos de dichos correos automáticamente los transformamos en “spam”, la crítica común que esta publicidad conlleva es que no deberíamos dedicarle un día a nuestros niños/as, sino que los 365 días del año.

Haciéndome cargo de dicha crítica, y tomando la lógica que el tiempo, cariño y dedicación que debemos entregar a nuestros pequeños debe ser diaria, es importante recalcar que fue la propia Asamblea General de las Naciones Unidas quién en 1954 recomendó que se instituyera en todos los países un Día Universal del Niño con el fin de destinarlo “a actividades propias para promover los ideales y objetivos de la Carta de la ONU, así como el bienestar de los niños del mundo, y también a intensificar y extender los esfuerzos de las Naciones Unidas a favor y en nombre de todos los niños del mundo;” (Resolución 836 (IX) Día Universal del Niño).

Así, debido a esta recomendación, desde 1956 la mayoría de los países dedica un día especial para nuestros niños y ello no debe ser motivo de crítica; por el contrario, utilicémoslo a nuestro favor para “detener el tiempo” y dar el espacio (y darnos el espacio) para pensar en nuestros niños y niñas, un sector de la población que sigue siendo particularmente vulnerable y que sigue sufriendo graves obstáculos para ejercer efectivamente sus derechos.

Y en esta pausa, podemos no solo regalonearlos materialmente, sino que, tal como recomendó la ONU, les invito a pensar las formas de intensificar y extender los esfuerzos en favor de los derechos de nuestros pequeños; les invito a pensar iniciativas que promuevan la igualdad y no discriminación, que promuevan una crianza y educación sin sesgos ni roles de género; iniciativas que promuevan la autonomía y voluntad de la infancia, quitándonos esa cultura adultocéntrica, en la que tendemos a acomodar la crianza a nuestros requerimientos de adultos en vez de entender las particularidades y necesidades de nuestros niños y niñas.

En otras palabras, les invito a que celebremos el día del niño, y lo hagamos tomando el espíritu que motivó la designación de este día especial, analizando de qué manera podemos promover y fortalecer los esfuerzos para que nuestros niños y niñas puedan gozar libremente de sus derechos y en igualdad de condiciones.

 

Tammy Pustilnick Arditi
Abogada

Master en Derecho Universidad de Tel Aviv; Master en Derecho NYU

Presidenta Corporación Descentralizadas