Fuente: Diario La Tribuna

Promover un órgano constituyente paritario aumenta el talento de los y las candidatas finalmente electas

La capacidad no tiene género, pero promover un órgano constituyente paritario aumenta el talento de los y las candidatas finalmente electas.

Estos días se discute en el Senado la iniciativa parlamentaria para garantizar la paridad en el futuro órgano constituyente, y es por ello que desde todos los sectores y regiones de nuestro país debemos estar atentos a lo que está ocurriendo y ser partícipes de lo que podría significar contar con el primer órgano constituyente paritario de América Latina, y si gana la opción de Convención Constituyente, del mundo.

La paridad no se da por sí sola, pues existen barreras culturales, sociales y estructurales que impiden que hombres y mujeres puedan competir en igualdad de condiciones en una candidatura. A modo de ejemplo, en la última elección parlamentaria chilena, el 35% de las mujeres candidatas no recibieron apoyo financiero de sus partidos políticos, y aquellas que sí recibieron apoyo, ya sea público o privado, representó 1/3 del aporte otorgado a las candidaturas de sus pares masculinos (PNUD, 2018). En otras palabras, la voluntad política y el contexto cultural en el que nos encontramos inmersos no permiten, por sí solas, corregir las desigualdades en el acceso a cargos de poder y por ello se requieren acciones afirmativas o mecanismos específicos que acorten dicha brecha de representación.

Contar con un órgano constituyente paritario garantizará no solo el derecho a participación de las mujeres en la esfera política, sino que ayudará en gran medida a la incorporación de los derechos de las mujeres en la nueva Constitución, permitiendo estipular los mecanismos que neutralicen la desigualdad de facto de las mujeres, favorezcan la igualdad sustantiva y la no discriminación hacia nosotras.

Importante es aclarar que la paridad no es un “beneficio para las mujeres”, sino que lo es para todo nuestro país: contar con un órgano paritario generará que contemos con un proceso más democrático, representativo de la mitad de nuestra población y permitirá, finalmente, que personas más capaces sean responsables de escribir nuestra nueva carta fundamental, ya que aumenta la preparación entre los y las candidatas, dejando atrás aquellos “liderazgos mediocres” (Besley, 2017) que tanto perjudican a nuestro país. ¿No queremos acaso que si gana la opción “apruebo” en el plebiscito de abril próximo, nuestra constitución sea redactada por los y las candidatas más capaces? Exigir paridad en el órgano constituyente promoverá ello.

Cerramos recordando que aquellos países que se han acercado a eliminar las brechas de género ha sido intencionando la paridad, ya sea con acciones afirmativas como las cuotas, ya sea con mecanismos que exigen representación paritaria de ambos sexos; imitemos aquellas iniciativas que promueven la igualdad de facto entre hombres y mujeres y hagamos que el proceso constituyente sea histórico, no sólo por lo que implica, sino que por incluirnos a todos y todas.

Pamela Aguirre; Roberta Lama; Joyce Olsen; Tammy Pustilnick

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